Robigus
En la mitología romana, Robigus y Robigo, masculino el primero y femenina la segunda, parecen ser dos versiones del mismo numen que preside el cultivo del trigo y provocan el añublo. Su nombre proviene de robigo, que en latín significa “roya del trigo”, una plaga fúngica que arruinaba las cosechas. Algunos traducen al dios en español como ‘Tizón’ (por representar una mancha rojiza o corrosión). Robigo es, en efecto, la personificación de una amenaza agrícola real, integrada en el sistema ritual romano. No es una deidad benéfica sino que se le reza para negociar que no actúe negativamente. Robigus (masculino) aparecen en algunas fuentes rituales pero como Robigo (femenino) es más frecuente en la literatura. En su honor se celebraba el 25 de abril de cada año una fiesta en Roma, la Robigalia. Un bosque sagrado les estaba dedicado en la quinta milla de la Vía Clodia, al norte de Roma, del otro lado del monte Milvio. Varrón, englobando varias divinidades que participan en la vida de los agricultores, dice que el dios Robigo y la diosa Flora, cuando son propicios, provocan que la roya no dañe el grano ni los árboles. La Robigalia era un rito agrícola para proteger los cultivos del trigo. Se realizaban sacrificios peculiares: un perro y a veces también una oveja. El objetivo era desviar la enfermedad (robigo) lejos de los campos. Ovidio describe cómo se ruega a Robigo que no ataque las cosechas: «Se le pide que mantenga alejadas sus “manos destructoras” de los campos fértiles».

En la mitología romana, Robigus y Robigo, masculino el primero y femenina la segunda, parecen ser dos versiones del mismo numen que preside el cultivo del trigo y provocan el añublo. Su nombre proviene de robigo, que en latín significa “roya del trigo”, una plaga fúngica que arruinaba las cosechas.[1] Algunos traducen al dios en español como ‘Tizón’ (por representar una mancha rojiza o corrosión).[2] Robigo es, en efecto, la personificación de una amenaza agrícola real, integrada en el sistema ritual romano. No es una deidad benéfica sino que se le reza para negociar que no actúe negativamente.[1]
Robigus (masculino) aparecen en algunas fuentes rituales pero como Robigo (femenino) es más frecuente en la literatura. En su honor se celebraba el 25 de abril de cada año una fiesta en Roma, la Robigalia.[3] Un bosque sagrado les estaba dedicado en la quinta milla de la Vía Clodia, al norte de Roma, del otro lado del monte Milvio.[1] Varrón, englobando varias divinidades que participan en la vida de los agricultores, dice que el dios Robigo y la diosa Flora, cuando son propicios, provocan que la roya no dañe el grano ni los árboles.[4]
La Robigalia era un rito agrícola para proteger los cultivos del trigo. Se realizaban sacrificios peculiares: un perro y a veces también una oveja. El objetivo era desviar la enfermedad (robigo) lejos de los campos. Ovidio describe cómo se ruega a Robigo que no ataque las cosechas: «Se le pide que mantenga alejadas sus “manos destructoras” de los campos fértiles».[5]
Referencias
[editar]- ↑ a b c Pierre Grimal: Diccionario de mitología griega y romana, voz «Robigo»
- ↑ La traducción «Tizón» aparece en Ovidio, Fastos, volumen 121 de la Biblioteca Clásica Gredos. Traducido por Bartolomé Segura Ramos.
- ↑ En los Fasti Praenestini (calendarios epigráficos) se confirma la fecha del 25 de abril no es una invención literaria de Ovidio sino que es la fecha histórica para el festival de la Robigalia.
- ↑ Varrón: De re rustica (Sobre la agricultura) I 1, 1
- ↑ Ovidio: Fastos, IV, 901–942