Larvae
En la antigua religión romana, las larvae (en español, «larvas») eran ‘fantasmas’ o espíritus de los muertos inquietos o maliciosos, considerados más peligrosos que los lémures. Se creía que podían causar daño, miedo o desgracias a los vivos si no eran apaciguados mediante rituales como la fiesta de las Lemurias, en la que se lanzaban habas para expulsarlos de las casas. En la literatura y el teatro, el término larva aparece como fantasmas aterradores o fuerzas que agitan a los hombres, asociadas con locura o comportamientos indeseados. Séneca los describe como esqueletos desnudos, y en Petronio una “larva” es un esqueleto de plata colocado sobre la mesa en la cena de Trimalción. Solo en autores posteriores como Apuleyo se establece una distinción clara: los lares son espíritus protectores y benéficos, las larvas son espíritus inquietos y peligrosos, y los manes designan a los muertos cuya naturaleza es incierta. Agustín de Hipona, citando a Plotino, retoma esta clasificación en clave moral, diferenciando larvas, lémures y lares según el mérito de los difuntos. Estudios modernos, como el de Émile Jobbé-Duval y G. Thaniel, analizan a las larvae como parte del folclore, la superstición, la literatura y los rituales funerarios de la Roma antigua, destacando su papel como expresión del miedo a los muertos sin descanso.

En la antigua religión romana, las larvae (en español, «larvas»)[1] eran ‘fantasmas’ o espíritus de los muertos inquietos o maliciosos, considerados más peligrosos que los lémures. Se creía que podían causar daño, miedo o desgracias a los vivos si no eran apaciguados mediante rituales como la fiesta de las Lemurias, en la que se lanzaban habas para expulsarlos de las casas.[2][3][4][5]
En la literatura y el teatro, el término larva aparece como fantasmas aterradores o fuerzas que agitan a los hombres, asociadas con locura o comportamientos indeseados.[6][7][8] Séneca los describe como esqueletos desnudos,[9] y en Petronio una “larva” es un esqueleto de plata colocado sobre la mesa en la cena de Trimalción.[10]
Solo en autores posteriores como Apuleyo se establece una distinción clara: los lares son espíritus protectores y benéficos, las larvas son espíritus inquietos y peligrosos, y los manes designan a los muertos cuya naturaleza es incierta.[11] Agustín de Hipona, citando a Plotino, retoma esta clasificación en clave moral, diferenciando larvas, lémures y lares según el mérito de los difuntos.[12]
Estudios modernos, como el de Émile Jobbé-Duval y G. Thaniel, analizan a las larvae como parte del folclore, la superstición, la literatura y los rituales funerarios de la Roma antigua, destacando su papel como expresión del miedo a los muertos sin descanso.[13][14]
Véase también
[editar]Referencias
[editar]- ↑ Real Academia Española, voz «larva»
- ↑ Ovidio: Fastos V, 419 s.
- ↑ Varrón: De lingua Latina, cit. apud Thaniel, G. (1973): «Lemures and Larvae». The American Journal of Philology, Vol. 94, nº 2, pp. 182–187.
- ↑ Paulo Diácono: Historia Langobardorum
- ↑ Nonio Marcelo: De Compendiosa Doctrina
- ↑ Plauto: Aulularia, 642
- ↑ Plauto: Captivi III, 4, 66
- ↑ Persio: Sátiras V, 185; con escolio
- ↑ Séneca: Epigramas, 34
- ↑ Petronio: El Satiricón, Cena Trimalchionis, 34, 8
- ↑ Apuleyo: Apología, 63
- ↑ Agustín de Hipona: De civitate Dei IX, 11
- ↑ Émile Jobbé-Duval: Les morts malfaisants, París, 1924.
- ↑ Thaniel, G. (1973): «Lemures and Larvae». The American Journal of Philology, Vol. 94, nº 2, pp. 182–187.