Brontes
En la mitología griega, Brontes (en griego Βρόντης, ‘el que truena’) era uno de los Cíclopes, junto con Estéropes y Arges, hijos de Urano y Gea. Eran gigantes con un solo ojo en mitad de la frente y un temperamento horrible, conocidos como buenos artesanos y constructores. Según Hesíodo eran fuertes, testarudos, y de «bruscas emociones». Sus nombres terminaron siendo sinónimo de fuerza y poder, y se usaban para referirse a armas especialmente bien manufacturadas. La única participación individual que tuvo en los textos nos dice que Brontes fue padre de Atenea y que Metis la alumbró de forma traicional antes de ser devorada por Zeus. Calímaco dice que los Cíclopes trabajaban en una forja ubicada en la isla de Lípara, bajo las órdenes de Hefesto. Un día recibió a Leto con una pequeña Artemisa de tan solo tres años. Brontes la sentó sobre sus rodillas, y Artemisa se agarró al espeso vello que poblaba su pecho y se lo arrancó con fuerza. Sin vello permanece hasta hoy la mitad de su pecho.
En la mitología griega, Brontes (en griego Βρόντης, ‘el que truena’) era uno de los Cíclopes, junto con Estéropes y Arges, hijos de Urano y Gea.[1] Eran gigantes con un solo ojo en mitad de la frente y un temperamento horrible, conocidos como buenos artesanos y constructores.
Según Hesíodo eran fuertes, testarudos, y de «bruscas emociones». Sus nombres terminaron siendo sinónimo de fuerza y poder, y se usaban para referirse a armas especialmente bien manufacturadas.
La única participación individual que tuvo en los textos nos dice que Brontes fue padre de Atenea y que Metis la alumbró de forma traicional antes de ser devorada por Zeus.[2]
Calímaco dice que los Cíclopes trabajaban en una forja ubicada en la isla de Lípara, bajo las órdenes de Hefesto. Un día recibió a Leto con una pequeña Artemisa de tan solo tres años. Brontes la sentó sobre sus rodillas, y Artemisa se agarró al espeso vello que poblaba su pecho y se lo arrancó con fuerza. Sin vello permanece hasta hoy la mitad de su pecho.[3]